Definamos
primeramente el concepto popular de seto. Una planta, más o menos
grande, más bien grande, a modo de arbusto, pero bien podada y
bien puesta. Al fin y al cabo, un arbusto es a un seto, lo que un ejecutivo
es a un troglodita, estéticamente. La característica más
importante del seto es que no se mueve. Para nada, aunque lo mires, y
lo mires, no se mueve, ni pestañea.
Hablemos ahora de los setos
humanos. Son como setos en todo su esplendor, pero de carne. No imaginemos,
por favor, un bloque enorme de magro de cerdo. Estamos hablando de personas
cuyas inquietudes son las mismas y cuya capacidad de reacción y
de progreso son similares.
Y
es que el problema de los setos es que son simplemente algo ornamental.
Quedan muy bonitos, pero no tienen ninguna utilidad. Por ejemplo, un seto
puede quedar precioso en un jardín, pero no impedirá que
tu perro se escape y se caiga por un barranco. De la misma manera, un
seto humano puede sentarse junto a ti y mirar lo que haces. Puede que
alabe tu trabajo o puede que lo critique. Incluso puede que llegue a proponerte
colaborar contigo y desarrollar un proyecto en el futuro. Sin embargo
ya puedes esperar sentado a que se produzca esa colaboración, porque
el seto humano volverá a su casa, meterá las raíces
en su maceta y se dedicara a dejar pasar las horas sin hacer nada. Por
algo es un seto.
Llegara
el día en el que vuelvas a encontrarte con el seto humano. en ese
momento uno no puede evitar preguntarle por aquel proyecto. Con total
ingenuidad le preguntaremos al seto si ya hizo aquello que dijo que iba
a hacer. Las respuestas son variadas: "¿yo dije eso?",
"estoy en ello", "es que era más complicado de lo
que parecía", "no he podido porque he estado haciendo
otras cosas". Algunos setos incluso pueden llegar a afirmar que ya
han terminado lo que tenían que hacer y que un día hay que
quedar para revisarlo, aunque los años irán pasando y ese
día no llegara nunca.
En cualquier caso, hemos
de admitir que el mundo no sería lo mismo sin las personas-seto...
estaría todo lleno de naves espaciales, microtecnología
y alta eficiencia en el trabajo. En fin. Un infierno.
Mayo 2003 |