Hace tiempo, me encontraba
viendo por la tele un documental que trataba en profundidad los grandes
mitos y leyendas de nuestro tiempo, tales como: el monstruo del lago ness,
el sasquatch y otros cuentos e historias con las que entretener a aquellos
que no quieren tener ninguna otra cosa mejor por la que preocuparse.
Uno
de ellos me llamó la especialmente la atención por un detalle,
se trataba de una entrevista al típico sheriff de pueblo del sur
de Texas: gordo, rubio, medio calvo y con unos pequeños ojos viciosos
y crueles detrás de unas enormes gafas. El hombre relataba un misterioso
suceso acaecido en el lugar y probablemente relacionado con una criatura
del folclore regional "el chupacabra". Por debajo del doblaje
español, se oía la voz del individuo en la que destacaban
dos palabras the chupacabra, solía repetirlas en la entrevista
con un acento macarrónico muy típico de los anglosajones
cuando pronuncian palabras hispanas, y al hacerlo, en su rostro se dibujaba
cierta fascinación, cuando a uno escuchándolo la sensación
era de vergüenza ajena.
Es
muy posible que al sheriff tejano le resultara misteriosa, desconocida
y llamativa esa palabra, al ser ajena a su cultura y a su lengua. Pero
a nosotros que estamos más habituados nos puede resultar ridícula
y estúpida. ¿Acaso puede alguno de nosotros asimilar y decir
"el chupacabra" sin una mueca de sorna? eso sería lo
mínimo, porque podríamos hacer miles de chistes sobre un
tío que se dedica a chupar cabras, mas que resultarnos un monstruo
mitológico, nos daría la impresión de que se trata
de alguna especie de pervertido.
Pero este caso de exotismo
lingüístico no es aislado, también se nos da en nosotros
con las palabras y nombres foráneos. De la misma forma que nos
llama la atención nombres como: Madison Square Garden, biohazards,
Friederich Wilhem Murnau y un infinito etc. Al nativo del lugar donde
proceden estas palabras, las tienen completamente asimiladas e incluso
las tenga como casposas y ridículas.
Hablando de los cortometrajes,
a veces podemos caer en la tentación de poner un título
en inglés, porque nos suena más interesante y atractivo.
Esta decisión, el público la puede interpretar como pretenciosa,
o bien, si la expresión está mal dicha, como ridícula.
Y si hay algo peor que un mal corto, es un mal corto con un título
en inglés.
Israel Lezcano,
Guionista. Febrero 2003 |